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Es bueno encontrarse con una vieja amiga - por José Manuel Romeo

ES BUENO ENCONTRARSE CON UNA VIEJA AMIGA 

Llovía torrencialmente, y el bolmai se había detenido completamente delante de la posada. Permaneció allí quieto sin mover un músculo durante un largo tiempo. Parecía asombrado y divertido “¡Qué suerte! ¡Encontrar esta taberna precisamente aquí! Espero que la Diosa no esté jugando conmigo”. “La Viuda Alegre”, rezaba el letrero de la entrada.
Unos meses antes el bolmai había dejado atados todos los cabos referentes a las tareas que le habían impuesto como Señor de las Cavernas Exteriores.
- Podré pasar unos días tranquilo sin preocuparme de nada mas, y, para ello, te hago a ti responsable de todo durante mi ausencia, - se había despedido de su consejero.
- Mi señor, no sé podré asumir tamaña responsabilidad, estoy...
- No, mi buen Dargan, estás más que preparado.
Se despidió de sus allegados más queridos y envió un breve mensaje a su amigo Yrdin allá en

tierras tanaii... “Parto a tierras tordali, saludos a Luna y Bigán”.
Y partió junto con su montura, un asno de las montañas de grueso pelaje gris. Ahora hacía meses

de aquello, y justo cuando empezaba su regreso se encontró una taberna que le resultaba familiar a las afueras de un pueblecito humano.
Mientras el agua calaba sus viajeros huesos decidía si debería entrar o no. Parecía la misma taberna en la que hace tanto tiempo conoció a Yrdin y a la Viuda, pero ahora estaba situada tan lejos de la capital tordali que le resultaba increíble.
Echó un ultimo vistazo a su asno, al cual había atado cerca de allí resguardado del diluvio, y empujó la puerta exterior. Esta cedió sin problema.
Hermn entró dentro. Sus ojos tardaron poco a acostumbrarse a la oscuridad interior, era un bolmai. Conforme se adentraba, reconoció el recibidor en el que todos sin excepción debían dejar los sombreros, los abrigos y las armas, ya que a la viuda no le gustaban las peleas en su local.
Antes de atravesar la puerta que daba paso a la taberna, dejó su abrigo empapado, sacudió sus botas para desprender un poco el barro y escuchó una voz familiar que venía de dentro...
- Dejad el abrigo y las botas. La taberna esta cerrada, pero podéis guareceros de la que está cayendo. Si portáis armas, deberéis dejarlas fuera también.
- Entonces debería decapitarme, pues mi mejor arma es mi ingenio y nunca me separo de él, - respondió el bolmai.
- Sólo hay una persona en este mundo que respondería de ese modo..., – exclamó la viuda mientras se asomaba al recibidor llena de alegría. - ¡Hermn!
- Hola, Viuda, – saludó Hermn – es bueno encontrarse con una vieja amiga...
- Lo mismo digo, querido amigo, lo mismo digo... ¡Pero que desconsiderada soy!. Pasa, pasa aquí dentro. Hay un fuego en la chimenea con el que podrás calentarte.
- Espera, antes voy a quitarme esta bota, que parece haber encogido con la lluvia...
Y dando botes consiguió quitársela sin dar de narices en el suelo. Cuando hubo acabado los equilibrismos se dirigió al interior de la taberna...
- Tienes cerca de la puerta unos zapatos de mi marido. Póntelos, espero que te sirvan.
- No sabía que te hubieras vuelto a casar...,- comentó mientras se calzaba los viejos zapatos. - Y no lo he hecho. Es lo poco que queda de la ropa que dejó mi difunto marido.
- Lo siento... ¿qué ha sido de tu vida?. Es decir, desde que nos vimos la última vez. ¿Cómo has

llegado hasta aquí?...
- ¡Huy! Es una historia larga de contar, – dijo mientras salía de la cocina portando una bandeja con un tazón, cubiertos, un vaso y una jarra, – así que, mientras te tomas una sopita calentita, serás tú quien me cuente que ha sido de tu vida...
- Bueno, han pasado muchas cosas desde la última vez... Yrdin ahora comparte su vida con la ex- emperatriz del imperio tanai, tiene un niño y...
- ¿Consiguió encontrarla por fin?
- Sí, ya hace unos años que colgó sus zapatillas gailas y sentó cabeza, aunque tú ya sabes que tal vez algún día vuelva a montar jaleo. De hecho, el pasado festival del verano ya hizo de las suyas en la corte, metiendo a todos por medio.
- Bueno, ¿y tú?, ¿cómo te va?.
- ¡Puf!. – Acercó las manos al tazón y dio un largo sorbo, se limpió con la manga y continuó: – La última vez que estuvimos aquí fue hace mucho. Si mal no recuerdo, en aquella época tu taberna estaba en Mogar, la capital. Habíamos sido acusados injustamente, hechos prisioneros y condenados a morir ahogados en el lago de mercurio que rodeaba la ciudad. Gracias al don de Yrdin conseguimos escapar, te pedimos un poco de ayuda y tú no nos la negaste, como bien recordarás. Cuando las cosas parecían haberse calmado los dos salimos a la calle, y después de recorrer dos manzanas...
...Unos guardias nos dieron el alto, nos habían reconocido... Nunca he corrido tanto como entonces. Salimos de la ciudad y nos dirigimos al palacio que hay en la montaña y donde se guardan todos los pájaros de seda.
Yrdin decidió subir a lo más alto. Se había enterado de la reciente construcción de un pájaro de seda muy especial, un dragón de seda. Yo no daba crédito a mis ojos. Por aquel entonces, yo padecía vértigo, sobre todo si voy en algo totalmente desconocido. Aquello fue una cura de choque.
No sé como es que sabía manejarse con ese aparato... nos persiguieron y dispararon, pero él consiguió darles esquinazo.
No entiendo mucho como funcionaban esos artefactos pero cuando el dragón perdió su impulso caímos. Estábamos muy lejos de la capital. Tras varios días andando llegamos a un poblado de pescadores. Estuvimos allí unos días y en cuanto pudimos partimos apresuradamente. Yrdin decía que había descubierto algo realmente extraño y en cuanto ordenase sus ideas me lo explicaría, ya que no quería confundirme.
Después de andar y andar, y, cuando creía que estábamos casi al borde del fin del mundo, llegamos a las colonias tanaii que por aquel entonces había allí, en el continente humano. Llegar al imperio tanai seria fácil si reuníamos suficiente cantidad para pagar un pasaje en un barco mercante.
- Perdona, pero me estoy perdiendo un poco. Debo confesarte que no conozco bien los pueblos de este mundo. ¿Podrías explicarme eso de los tanaii y los tordalii?.
- Claro. Ya me sospechaba yo que una taberna que aparece en otra ciudad piedra por piedra no podía ser este mundo – sonrió con complicidad el bolmai. – No creas que me sorprende que seas de otro mundo. Yrdin ya me había contado que existen varios, y sospecho que habla por propia experiencia. Sería interesante que intercambiarais impresiones algún día.
- No creo que tengamos la oportunidad – suspiró la Viuda, - pero a mí tampoco me importaría. De todos modos, no te alejes del tema y explícamelo con detalle, ya que estamos.
- De acuerdo, pero luego tu tendrás que contarme tu secreto. – Hermn se acomodó y tomo aliento. – En Ashana, nuestro mundo, hay dos continentes. En uno sólo hay humanos o tordalii, como se les llama en mi tierra y que son más o menos como tú. Mi tierra es el otro continente, donde vivimos las razas tanaii, entre los que estamos los bolmaii, a los que reconcerás porque somos más bajos y anchos de cuerpo y cara que los demás, incluídos los humanos, como yo; los selmaii, que son idénticos a los humanos;
nolgaii, que son algo más altos y de ojos más grandes y almendrados, como Yrdin; y, por último, están los veltmaii, que son como enormes bestias, aunque verás pocos de estas razas por aquí... Hace años se empezaron a crear colonias tanaii en territorio humano. Tordalii y tanaii siempre han tenido marcadas diferencias, y desde entonces se acentuaron mucho más.
- Gracias – respondió la Viuda. – He visto razas similares en otros mundos, pero nunca he estado el tiempo suficiente para saber como se llaman en cada uno de ellos.
- O sea, que no sabrías como llamar a mi pueblo si lo necesitaras – bromeó Hermn. – Eso explica que te sorprendieras tan poco de vernos a Yrdin y a mi la otra vez. Te aseguro que un tordali normal hubiera puesto otra cara.
- Por favor, continúa con tu historia – pidió la Viuda, viendo que Hermn se desviaba otra vez del tema.
- En cuanto llegamos a la capital, Yrdin conoció a la princesa Luna de la casa Zirah. Como es normal, los dos volvimos a ser apresados, yo por ser un bolmai, ya que tampoco somos muy populares por allí, y él por cantar una serenata debajo del balcón de ella.
Yrdin dijo que la vida de la corte no era para él, y en cuanto pudo, me liberó y convenció a Luna para que se fueran a la antigua residencia de sus padres allá en Zirah. Yo por mi parte volví con los míos allá en el norte. Había tenido demasiadas emociones.
Lejos de haber acabado todo, Yrdin seguía investigando sobre un posible fraude que iba a provocar una guerra entre tanaii y humanos.
Durante el año que siguió solo hubo dos noticias importantes... La primera fue que en una de las cuevas encontré una ruta hacia los míticos aposentos de reposo donde iban los tanaii que se habían cansado de vivir, y tal vez allí Yrdin podría encontrar la pista sólida que demostrase el fraude y detuviera la guerra. En cuanto lo supo partió hacia mi hogar.
El fraude tenía que ver con una leyenda común a todos que dice que en el principio de los tiempos todas las razas eran esclavas en el infierno. Los tordalii se rebelaron, pero solo consiguieron liberarse con la ayuda de los tanaii. A partir de entonces, cada vez que un emperador humano es coronado, recibe la visita de un sabio tanai para recordarle su deuda con ellos...
... Esta vez se rumoreaba que junto al sabio había venido el emperador tanai. Durante la visita ambos emperadores se enamoraron de la misma mujer. La rivalidad empezó cuando ella quedó encinta y ambos monarcas se disputaron a los herederos, pues ninguno sabía su verdadera paternidad y ambos necesitaban de un sucesor. El fraude que Yrdin sospechaba es que todo fue un montaje para enfrentarlos y comenzar una guerra a escala mundial.
La otra noticia importante era que la princesa Luna esperaba un hijo de Yrdin. Nunca me he arrepentido de nada de lo que he hecho, salvo de haber enviado esa carta a mi amigo informándole sobre la ruta. Nunca olvidaré como después de dos días de camino por las cuevas se derrumbó el tramo que tenia delante de mi, sepultando a Yrdin. Luna dio a luz varios meses después. Ya sabía la triste noticia, pero aun había peores nuevas por llegar...
... La guerra había comenzado y el emperador tanai necesitaba de hombres armados. Luna me contó que una noche oscura como boca de lobo llegó a palacio un emisario trayendo ordenes de alistamiento. Luna debería servir a su señor en el campo de batalla. Ella se negó, estando embarazada era una locura. El mensajero le informó que en el caso de que se negase él debería considerar que ella no era una sierva leal y por tanto el mismo en persona reclutaría a las gentes que vivían en las tierras de Zirah. Ella se sintió responsable de las vidas de esas personas y retiro su negativa. Lo que ella no sabía era que las gentes del lugar tenían demasiado cariño tanto a Luna como a Yrdin, y algunos se alistaron para no dejar sola a su señora. Todos los combatientes partieron hacia las colonias tanaii que había en el continente humano.
Las semanas previas a la batalla Luna dio a luz. El hipócrita del emperador le ofreció sus estancias reales, pero ella se negó. Permanecería junto a su gente. El emperador mandó un contingente a la vivienda de ella. Custodiaron y vigilaron el parto, pero dio igual. No se sabe si fue el disgusto que meses atrás tuvo con la muerte de Yrdin, o tal vez fue el viaje, o las condiciones insanas en las que ella había estado las últimas semanas, pero el niño nació muerto y el emperador en persona así se lo notificó...
Ella, por la rabia, en cuanto pudo ponerse en pie se entrenó para la batalla, no en vano tenía fama de ser la mejor combatiente tanai. Gracias a su carácter se ganó la amistad de todos aquellos a los que conoció esos días, lo cual le permitió erigirse como oficial de su escuadrón.
El primer día de batalla, cuando tanaii y tordalii estaban en plena pelea, aparecieron cientos de dragones que hicieron a todos retirarse.
El segundo día aparecieron sobre el campo de batalla muertos que actuaban como si estuvieran vivos.
El tercer día el escuadrón que comandaba Luna cayó por entero...
- Es la historia más triste que he escuchado nunca. ¿Qué hiciste tú durante ese tiempo?. Porque tú no estuviste presente en todo esto que acabas de contarme...
- Yo estuve buscando una esperanza, y al final, cuando todo estaba perdido, la encontré...
- Algo me dice que te guardas un final sorprendente, como los magos de feria, – y se levantó a retirar la bandeja con el tazón vacío, dejando sobre la mesa la jarra de vino y el vaso.
- Puede ser. ¿Por qué lo dices?
- Has aprendido mucho de Yrdin. Cuentas las historias casi como él. Siempre se guardaba lo mejor para el final
- Ahora eres tú quien debería contarme algo. Parece que la historia te ha afectado especialmente, y no creo que sea sólo por cariño hacia Yrdin.
Ella se quedó pensando unos segundos y asintió.
- Además de viuda he sido madre, y yo también perdí a mi hijo, solo que no fue en un parto. Pude haber sido feliz con él y sin embargo no le hice caso. Él difería de mi modo de pensar, de cómo llevar esta taberna, y al final se marchó...
... No es fácil la vida que he elegido. Cada cierto tiempo mi hogar, esta taberna, cambia de lugar en un abrir y cerrar de ojos. Yo era una aventurera como tu, como Yrdin, pero cuando llegué a esta taberna con diecinueve años me sentí como en mi hogar, conocí al dueño, me casé con él y desde entonces he estado vagando...
- Yo también me siento en esta taberna como en mi hogar, si alguna vez he tenido algo así, – dijo Hermn levantándose y dirigiéndose a la barra para coger otro vaso, mientras ella entraba en la cocina. – Pero explícame eso de la taberna que cambia de lugar, que la curiosidad me está matando.
- Si tú acabas tu historia, – y en voz queda añadió: - No, si resultará que te la has inventado.
El bolmai se sonrió y una vez encontró los vasos cogió uno y le acompañó al interior de la cocina, mientras ella iba fregando los cubiertos, el tazón y algún otro cacharro de la noche anterior.
- ¿Así que eras una aventurera?, ¿y qué más?.
- Oye, no te rías. He vivido situaciones que harían que tus hazañas con Yrdin fueran un juego de niños.
- Bueno, ¿y a qué esperas para contármelas?
- En otra ocasión, Hermn, en otra ocasión, – y se secó las manos. – Vayamos a tomar esas copas de vino, mientras te cuento mi historia y la de esta taberna.
En cuanto tomaron asiento ella comenzó. - Como ya te dije, durante mi juventud...
- ¿Ahora no eres joven?. Pues te conservas muy bien, – le provocó mientras le servía en el vaso.
- No te pases, si no quieres arrepentirte... - y Hermn supo que ella no bromeaba. – Tenía unos diecinueve años cuando llegue aquí por casualidad. La verdad es que estaba huyendo de una de mis escaramuzas y busque refugio aquí. Ahora sé que casi todos los que entran en esta taberna huyendo entran por esa puerta – y señaló la de entrada – y salen por la del patio – y apuntó hacia la puerta del fondo de la sala – para no volver fácilmente al lugar de donde huían...
No es por que yo lo diga, pero me defendí bastante bien, e hice que aquellos que me perseguían tomasen el camino que debería haber tomado yo.
... En esta taberna hay magia en todos y cada uno de sus recovecos y es esa magia la que le permite ser una taberna tan especial. Eso me dijo el propietario esa noche mientras compartíamos el lecho, sin saber que acabaría siendo mi marido. Una vez llegue aquí encontré mi hogar.
Por aquel entonces yo era todo alegría, y todavía conservo algo de ese carácter, aunque ahora tal vez me he vuelto un poco huraña, como era él. Creo que me aceptó por que yo representaba todo lo opuesto de lo que él era.
Él me tomó como nadie me había tomado hasta entonces, me hizo sentir como nadie me había hecho sentir hasta entonces y cuando un grupo de borrachos le asesinó delante de mí y de mi hijo no había nadie por quien hubiera sufrido tanto hasta entonces como por él.
Él, que me había tomado por esposa, que había cuidado de mí y me había hecho sentir alguien importante, nunca me explicó como funcionaba su taberna. Porque aunque él ya está muerto, y yo ya he tomado posesión de ella, sigue siendo su taberna.
- Entonces, ¿no sabes como viaja este edificio?
- No. Sólo sé que cuando se enciendan las velas que hay en las lámparas de la puerta del patio a la mañana siguiente estaré en otro lugar, en otra dimensión, en otra época... ¿quién sabe...?
- ¿No has tratado de destruirlas?
Ella le miró sombríamente y añadió:
- Si que lo intenté. La noche antes de que mi marido muriera, intenté destruirlas a golpes. Creo

que él murió como castigo a mi osadía.
- ¿Por qué intentaste destruirlas?. ¿Acaso querías dejar de vagar por siempre?
- Tal vez descubrí que mi espíritu no era tan nómada como en mi juventud. Sin embargo, el

sentimiento de culpa por su muerte hizo que no pudiera dejar esta taberna ni volver a intentar impedir que viajase.
El bolmai miró pensativo hacia la puerta del patio.
- ¿Qué pasó con tu hijo? - le preguntó.
- Te lo puedes imaginar. No hay nada mas esclavo que un negocio de cara al publico como esta

taberna. Y si encima no te dejan alejarte de ella por si acaso parte sin avisar. Un niño necesita explayarse de pequeño, y también de adolescente. Él simplemente se cansó. Él hizo en su momento todo lo que tú me estas proponiendo, pero él tuvo sus razones. – Se quedó callada un rato, y añadió: – He asumido mi culpa por la muerte de mi esposo y creo que la he llevado demasiado lejos, ya es demasiado tarde. No tengo a mi hijo para decirle que me equivoqué y que me iría con él, y tampoco tengo ahora ganas de irme de aquí sola.
- Cuando se marchó, ¿se despidió?...
- Mi hijo partió una mañana. Acabábamos de llegar a no sé dónde, son demasiados lugares que recordar, y, sí, se despidió. Yo no creí que fuera en serio hasta que a la mañana siguiente aparecí en otro lugar. No creo que consiga averiguar nunca qué suerte corrió, ni si es feliz o si me echa de menos...
En ese momento entró corriendo un hombre con las ropas y la capa calada que llevaba una espada. En un instante agarró a la viuda por detrás apoyando el filo de su arma en el cuello de ella y gritó:
- ¡Si no me dejáis partir, la mataré!, ¡juro que lo haré!.
Cinco hombres armados y calados entraron tras él en la taberna. Llevaban las insignias de las panteras imperiales, la mejor guardia de seguridad del territorio tordali.
- No hagas tonterías, –indicó el que parecía ser el oficial de mayor rango.– Entrégate, se acabaron tus tiempos de fraude y engaño.
- No os acerquéis o ella morirá, y luego lo hará el enano, – y señaló al bolmai.
- Yo te conozco, – dijo Hermn pausadamente. - Mi señora Luna te derrotó una vez, si no fueron dos. Tú eres ese al que le gusta presumir de ser la mejor espada del imperio, algo que no es cierto, pues es bien sabido que la mejor espada del imperio es Saralan, alguien quien obviamente no eres.
- ¿Te conozco? – preguntó confundido el espadachín.
- Si que me conoces, o deberías y también deberías soltarla, si no quieres pasarlo realmente mal. - No se meta en esto. Es un asunto imperial – terció el oficial mientras él y sus hombres iban

rodeando al farsante poco a poco.
Hermn continuó, haciendo caso omiso.
- Todos mis amigos dicen que soy un tipo pacifico, incluso algunos que han intentado insultarme

me provocaron preguntándome si tenia agua en las venas en vez de sangre. Estás poniendo en peligro a una persona a la que aprecio mucho, y a la que hacía tiempo que no veía. Hijo, suéltala o clavaré esto, – y le enseñó una pequeña aguja no mayor que su dedo meñique, – en tu garganta, y como ya dije, y no me gusta repetirme, lo pasarás muy mal.
Ella, desde su incómoda posición, le miró a los ojos, y él le devolvió la mirada. El farsante retrocedió arrastrando a la viuda hacia el fondo de la taberna. Los guardias detuvieron su avance.
Hermn levantó lentamente su mano derecha y empezó a mesarse la larga melena que reposaba sobre los hombros.
De repente la viuda se vio liberada. El farsante tenia la pequeña aguja clavada en la garganta, impidiéndole respirar. El bolmai tenía su brazo extendido, y lo dobló poco a poco mientras un curioso mecanismo volvía a su posición de origen.
Viendo a la viuda fuera de peligro, los guardias corrieron hacia su presa, la cual salió corriendo entre jadeos por la puerta trasera. Al atravesarla desaparecieron todos, y volvió la calma.
- Gracias mi buen Hermn. Creí que éste era mi fin.
- No ha sido nada. Nunca había disparado este artilugio, aun estoy sorprendido por el resultado. Por cierto ¿dónde han ido?. Una vez atravesaron la puerta, desaparecieron.
La viuda empezó a ordenar los taburetes.
- Solo ellos saben a donde han ido, - le contestó.
- Es extraordinario.
- Ven, échame una mano. Dentro de poco abriré el establecimiento.
- ¿Quieres que repare esas marcas que han dejado en la silla?.
- No será necesario... en esta taberna hay magia en todos y cada uno de sus recovecos, y es esa

magia la que le permite ser una taberna tan especial. Mañana estará como nueva. - ¿Y los gastos?
- La caja que hay en la barra se encarga de convertir las ganancias a la moneda local... - ¿Y las viandas?, ¿el vino?, ¿la cerveza?
- Me da tiempo a hacer algunas compras antes de abrir la taberna – sentenció con un

encogimiento de hombros. – Y cuando cambia de sitio, la misma magia las adapta, si es necesario, al gusto local.
Hermn sonrió, pensando en todo lo que le había contado la viuda. Recordaba haber leído en su juventud algún manuscrito describiendo prodigios semejantes. Pero el tiempo corría, y el bolmai sabía que la visita estaba llegando a su término.
- Perdona, ¿dónde esta el excusado? – preguntó.
- La puerta contigua a la del patio, justo en frente de las escaleras.
Ella continuó recogiendo lo poco que quedaba por ordenar, después se fue a la cocina y se puso

un delantal, encendió el fuego y puso a calentar más sopa para la cena. Lo había pasado tan bien que no se había dado cuenta de lo rápido que había pasado el tiempo.
Salió de la cocina justo cuando Hermn aparecía totalmente pertrechado.
-  Creí que te ibas a quedar, – dijo ella desilusionada.
-  No puedo, debo partir. Aun me queda mucho hasta mi señorío.
-  No terminaste de contarme la historia. Me mentiste.
-  No, no te he mentido. Te contaré esa historia en otro momento, pero hoy no.
-  Sabes que tal vez no haya otra vez. Puede que nunca volvamos a vernos.
-  La esperanza es lo ultimo que se pierde, y yo estoy convencido que volveremos a vernos, si tú quieres.
-  Hermn, cabezota, si eso es lo que quieres vete. Déjame sola otra vez. Ya estoy acostumbrada.
Hermn dejó la taberna con una sonrisa en sus labios. Desató a su asno y se dirigió de vuelta a casa.
No había recorrido ni media legua cuando una figura alta cubierta por una capa negra salió a su encuentro.
- Saludos, querido emperador.
- Saludos, Hermn.
- Tus antecesores jamás se portaron así de bien conmigo. ¿Has venido a buscarme?
- Sabes que sí.
- Contaba con ello. Me imaginaba que mis amigos estarían preocupados.
- Vine porque Luna me lo pidió. Estaba preocupada, interpretó tu carta como una despedida de

verdad.
- Bueno, pues partamos. Ya que has de ser tu quien me lleve, que sea cuanto antes. Sabes lo que

me desagrada tu forma de viajar. Pero antes, quiero que me hagas un favor. - Dime cual.
- Una vez me dijiste que si subes hacia el cielo llegas al vacío en el que están todas las estrellas. - Si, eso dije, y lo sé porque alguna vez he estado allí.
Hermn se echó mano al abrigo, y sacó un pequeño paquete
- Toma, haz llegar esto a ese vacío.

Acto seguido el paquete había desaparecido de su mano.
- ¿Puedo saber antes de irnos por qué querías enviar una simples velas al vacío exterior?
- Sabes Ledani, no hay nada mejor que la amistad, y cuando hace tiempo que no has visto a

alguien, siempre es bueno encontrarte con una vieja amiga. - O sea, que no me lo vas a decir.

Saludos querido Hermn - por Jose Manuel Romeo



SALUDOS, QUERIDO HERMN

Saludos, querido Hermn:

Lo único que siento es que para cuando recibas esta carta ya será tarde para que vengas con nosotros. Espero que después de este periodo de meditación que llevas recluído en lo mas profundo de tus montañas te sirva para llegar a obtener el título de Señor de las Superficies y así obtengas ese respeto que tanto te deben los de tu pueblo. Después de todos estos años de embajador no oficial de tu raza, ya era hora de que se portasen, y, sinceramente, podían haberse saltado esos molestos rituales de reconocimiento.
Te escribo esta carta para contarte lo que aconteció el pasado festival del solsticio de verano.
No sabría como empezar... Yo diría que todo surgió por una apuesta, y, agárrate..., ¿sabes quién aceptó la apuesta?. Pues nada menos que el mismísimo emperador en persona, Ledani Mol, sí, sí, tal como lo lees. Y los testigos fuimos Luna, Rosa (la ex de mi señor Semrol) y yo mismo en persona, además de toda la corte tanai, que estaba en ese momento cenando en palacio.
Todo ocurrió durante las festividades que se celebran, como siempre, a lo largo de todo el imperio tanaii con motivo de la llegada del verano, que este año, todo el mundo coincide, se ha adelantado.
Pocas semanas antes del acontecimiento (las justas para hacer maletas y viajar al sur, a la capital) recibimos una carta sellada y resellada y custodiada por cinco mensajeros, en la que se nos invitaba, para desesperación de nuestros conocidos en Zirah (después de hacer preparativos, durante meses, para la fiesta) a pasar la primera noche del verano en la corte.
La petición venia directamente del emperador. No hace ni dos años que Luna abdicó en nuestro Ledani Mol, ella ya no es la primera Emperatriz en la historia tanai, pero aun así, cada vez que vienen noticias de palacio se me ponen los pelos como lanzas, pensando que se me la van a llevar. Y es que compartir a la persona amada durante tres años con los millones de tanaii que habitan el imperio marca mucho.
Así que tuvimos que pasar la festividad en la capital en vez de en Zirah.
El motivo de la invitación era la visita a la corte de una antigua conocida, Rosa, la ultima hembra de la raza de los perversos (aunque este detalle sobre su origen solo sea conocido por algunos de nosotros). El motivo de la visita todavía no lo tengo muy claro. Cuando recibimos la noticia Luna creía que era la nostalgia que aun siente por mi amigo Semrol, su antiguo amante, pero después de lo que aconteció esa noche hemos llegado a pensar que persigue algo, o más bien, a alguien. Imagínate a quién. Sólo te diré que el emperador fue a buscarla en persona allá donde vive ella, en las antípodas, mas o menos.

Te puedes imaginar como se puso de tenso el ambiente en la corte. Una tordal en la corte tanai.
Lo irónico de todo esto es que Rosa no es humana, no es una tordal. Tiene un aspecto muy parecido al humano, pero ahí se acaban los parecidos. La diferencia mas notable está en la dieta alimenticia. Si llegaran a saber lo que es realmente estarían acojonados.
Querido Hermn, si te soy sincero, de todas las razas que habitan Ashana hay pocas que se parezcan tanto como los humanos y nosotros los tanaii. Bueno, está el tema de la longevidad y la altura, pero son detalles sin importancia. Y creo que nuestra rivalidad esta precisamente en eso, en lo parecidos que somos, salvando, como te he dicho, esos pequeños detalles.
Bueno, no quiero enrollarme, así que continuare con mi narración.
La corte esa noche estaba dividida en tres facciones. Una era la que pasaba del tema, la tordal era la invitada del emperador y no había discusión. Otra facción era la de los partidarios del antiguo emperador, que estaban que trinaban. Casi lo correcto sería decir que había dos facciones, ya que la tercera facción éramos minoría, y defendíamos la presencia de Rosa.
Los actos de celebración fueron tan maravillosos como siempre, aunque eché de menos los bailes en la plaza principal de Zirah y mis piques con Dardo, el mejor bailarín tanai en muchos años. La única cosa que los ensombreció fueron las idas y venidas entre algunos nobles y los cotilleos de la corte sobre la visitante humana.
Como sabes he pasado casi toda mi vida con humanos. Fui criado por humanos y he crecido con humanos. Además, hasta que llegue aquí, casi todos mis mejores amigos han sido humanos. Antes desconfiaría de un tanai de la segura corte imperial que de un humano, aunque fuera de la peor calaña.
El emperador dio un discurso en el que rememoraba los acontecimientos acaecidos a lo largo de todo el año. He visitado multitud de mundos y he llegado a la misma conclusión: existe una única entidad que puede existir en todo el mutiverso a la vez y es el aburrimiento. Y una de sus manifestaciones es a través de los políticos.
Acabado el discurso y mi sesión de bostezos, hábilmente disimulados, comenzaron los preparativos para la cena, durante la cual llegó el clímax de la situación.
Estabamos a tres asientos del trono imperial, como marcan las normas para una ex-emperatriz y su consorte, y justo enfrente de nosotros estaban Rivto, el favorito del anterior emperador, y cinco de sus fieles seguidores. Rosa y Luna actuaban como si nada malo ocurriera, y, despreocupadamente, ayudaban con la cena a nuestro hijo, que este otoño cumplirá cinco años. Yo no podía estar tranquilo. Nunca me he sentido cómodo en la corte, y menos con esta situación.

Éste es un tema que hemos hablado Luna y yo largamente, y que ella, emperatriz o no, siempre ha defendido. Es cierto que ni Rivto ni sus seguidores son santo de su devoción, pero en un momento como el que atravesamos hace cinco años, recién salidos de una especie de guerra mundial contra los humanos, lo menos aconsejado era provocar una guerra entre nosotros por rivalidades. Yo por mi parte, ya lo sabes, habría desterrado a ese payaso hace tiempo.
Continúo. Discúlpame las divagaciones.
Estaban sirviendo los segundos platos cuando el emperador, para quitar tensión a la cena, decidió establecer conversación. Se dirigió a Rosa y le preguntó si todo era de su agrado y si estaba disfrutando de la fiesta. Ella, mostrándose lo mas cortés posible, tal vez porque sabía que había mucha gente atenta a todo lo que dijera y no todos eran amigos, contestó afirmativamente y elogió el trato.
Rivto, con el tono despectivo mas hiriente posible, comentó que tales comentarios eran lógicos, “Hasta los niños tanaii saben que los tordali son unos salvaj... son menos civilizados y no poseen el lujo de nuestra corte”
“Creía que tenias edad suficiente como para no creer en cuentos de niños”, le contesté (o algo así).
Bueno, ya te puedes imaginar como continuó la cosa. Él, el mas acérrimo defensor del antiguo emperador y su política. Yo, el grano en el culo que tuvo el emperador desde que llegué a la corte (y encima su sobrina y yo nos enamoramos perdidamente).
Finalmente le reté a que podía ir a territorio tordal y traer pruebas de que todas esas patrañas eran falsas. Él aceptó el reto. Yo le indiqué que, si pudiera hacerlo, esa misma noche sería la adecuada, pues para los tordali era de día, y ahora mismo estarían celebrando su festival del verano. Él volvió a insultarme por decimoctava vez (señal de que ya le había sacado de quicio).
Ledani Mol intervino por fin llamando al orden. Cuando consiguió que toda la atención se centrase en su imperial persona añadió que “él” aceptaba el reto, seria “él” en persona quien iría a la capital tordal, y “él” mismo comprobaría éso. Ahora que lo pienso con detenimiento, creo que lo hizo por ganarse el respeto de sus detractores (o por lo menos para minar sus creencias).
Yo me ofrecí a ir también, ya que como parte desafiante tenía derecho a comprobar que todo salía correctamente. Luna se levantó y añadió que ella, como antigua regente imperial, también iría y se mostraría como parte imparcial del reto, juzgando los hechos. Rivto se vio entre la espada y la pared y no tuvo mas remedio que aceptar. Firme defensor de las antiguas leyes, sabía que el número de participantes en un reto estaban cubiertos. Además, uno de ellos era el emperador, al cual no llevaría la contraria por convicciones. También es cierto que Rivto no iría a la capital humana por nada del mundo. Se le podría contagiar algo.
La cena y la fiesta acabó y todos nos retiramos a nuestros aposentos, algunos para dormir y otros para preparar la partida a la capital humana. Cuando iba hacia los aposentos, Rosa se acercó a mí. “Gracias”, me dijo, “gracias por defenderme. Sé que no te caigo bien, y, aun así, lo hiciste. Gracias”. Yo, un poco alterado, le contesté con cierto desprecio: “Eso de que no me caes bien, ¿te lo ha dicho alguien, o es que lo has adivinado en las entrañas de algún animal?”. Ella, sabiendo que hacia referencia a su faceta de bruja, me respondió: “¿Es que a todos los hombres, sean de la raza que sean, les cuesta madurar por muchos años que vivan?, y se retiró ofendida con toda la razón.
Nunca estuve de acuerdo con lo que ocurrió entre mi señor Semrol y ella, y tú, mi buen Hermn, ya lo sabías. Puede que nunca la perdone, o puede un día me despierte y entienda por que lo abandonó.
Luna, que parecía intuir lo que había ocurrido con Rosa, me recriminó con la mirada cuando llegué al dormitorio. Yo me encogí de hombros y ella sonrío con esa sonrisa que sólo tienen las mujeres enamoradas y con la que perdonan cualquier burrada que hacemos (y no me refiero a mi discusión con Rosa, sino al reto)
Rosa no se retiró inmediatamente a sus aposentos, si no que habló con Ledani Mol para darle indicaciones sobre su castillo de Loran y donde podríamos encontrar ropas humanas y algo de dinero con el que poder negociar. Del dinero hicimos acopio del necesario, sin abusar (aunque estuve tentado).

Una hora después Ledani Mol, Luna y yo nos reunimos y partimos a Loran. Al cabo de otra hora el emperador nos transportó a las puertas de Mogar, la capital humana. Me acordé de lo mal que te sienta esa forma de viajar. Siempre dejabas la última comida en el punto de destino.
¡Cuántos recuerdos acudieron a mi mente al contemplar las magnificas murallas!. Les expliqué que el tamaño de la construcción se debía a que hace mucho tiempo existió una raza de gigantes que la construyó al saberse cerca de su extinción, para legar algo a la recién nacida raza humana, pero a diferencia de la legendaria Satarlana esta era una mezcla entre una ciudad de gigantes y una humana. Luna me miro con extrañeza por lo que acababa de decir (Satarlana dejó de existir hacía unos mil quinientos años), pero sabía que yo no mentía (no le hizo falta leer mi mente, aunque sé que a veces lo hace sin que me de cuenta). Ledani Mol simplemente asintió y marchó hacia el embarcadero que hacía de entrada principal de la ciudad.
Pagamos a un barquero y yo desembolsé algo más para que no hiciera preguntas. La verdad es que llamábamos un poco la atención, pues no usamos ninguna de las ropas que nos facilitó Rosa.
Luna fue con su vestido diario de campesina. Siempre me ha sorprendido su estilo. En la corte siempre ha sido sofisticada, a la hora de combatir se decanta por lo práctico y para la vida diaria va cómoda.

Ledani Mol iba como siempre que no está en la corte, con una larga capa negra que le cubría por completo, y se negó a cambiar sus verdes ropajes.
Y yo, bueno, ya sabes como me gusta ir, esté en la corte o dónde sea. Llevaba mi camisa amplia con chorreras y mis pantalones ceñidos que me llegaban a la rodilla.
Ya en la barca, Luna me preguntó el porqué del color metálico del agua, y yo le dije que era mercurio y que rodeaba exterior e interiormente a la ciudad, separando a las murallas tanto del exterior como del islote que daba soporte a la torre en la que vivía toda la corte tordali. Fuentes subterráneas abastecían de agua a la ciudad.
Conforme avanzábamos hacia las aduanas que había en las dos gigantescas torres de la entrada, le continué explicando que era en lo alto de las murallas donde vivían casi todos los tordali, en dos niveles distintos de altura a los que se llamaba el barrio alto y el barrio bajo. Después le mostré las gigantescas torres, que, como las de la entrada, estaban situadas regularmente a lo largo de la muralla, y le expliqué que allí era donde diferentes gremios tenían sus sedes. Por último le señalé el islote central, dónde estaba la torre imperial, y le expliqué que allí vivían los pobres, los marginados, la chusma.
Una vez desembarcamos y subimos en los elevadores pasamos la aduana sin problemas (ya sabes, “estos no son los tanaii que buscan... “). Ledani Mol pasó sin ser molestado, Luna enseñó su anillo familiar y añadió “estoy aquí por motivos que solo

atañen al emperador”, y, cuando fui a pasar yo, simplemente añadí “yo, voy con ella” y sonreí. El guardián también me sonrió como si fuéramos viejos amigos.
Pasado el primer escollo y ya en las escaleras que comunican los dos barrios, Ledani Mol se dirigió a nosotros y nos comunicó su deseo de ir por su cuenta. Antes de que yo protestase y le recordara las normas de la apuesta desapareció. Eso sí, nadie estaba mirando cuando lo hizo (odio cuando se comporta así).
“Bien”, dijo Luna abrazándome, “eso nos deja a los dos solitos para disfrutar del día”. Y empezamos nuestra visita por el barrio alto.
No habíamos andado ni cien pasos cuando me di cuenta que estabamos pasando por delante de la taberna “La Viuda Alegre”, dónde te conocí. Ahora se llama “El Bárbaro Rico”. Le han cambiado el nombre y la fachada, pero la tienda de telas que tenia al lado sigue siendo la misma.
Luna se había adelantado varios pasos cuando se dio cuenta que me había detenido. Me quedé un rato pensando en tí y en todo lo que nos ocurrió entonces... tu presentación y lo chocante que me resultó, tu detención (y la mía) aquí en el barrio alto, la persecución y huida hasta el gremio de hombres voladores...
Ella debió sondearme por que se me acercó y me sugirió que entrásemos. En ese momento se abrió la puerta y entreví el interior. Esa taberna no era la que conocimos. Está en el mismo sitio, pero no es la misma. No quise entrar y continuamos nuestra visita.

Antes del mediodía habíamos recorrido la muralla por el barrio alto. Ella había comprado un muñeco de trapo a nuestro pequeño y una pulsera de plata para Dabri, su mejor amiga durante el embarazo. Bajamos y continuamos.
¿Recuerdas aquello que nos dijeron acerca del día de mercado en el barrio bajo?, pues se quedaron cortos. Arriba había ambiente de fiesta, pero aquí abajo había fiesta y ambiente. Ella pensaba comer en una taberna, pero al ver los tenderetes de comida se volvió loca. Los olores lo invadían todo e invitaban a su consumo. Tomamos dos empanadas de maíz rellenas de pescado picado y verduras junto con una salsa rosada agridulce y lo acompañamos con un buen vino.
Mientras comíamos continuamos avanzando con cuidado de no derramar la salsa, y yo, encima, atento a los múltiples intentos de robo de los que fue objeto ella. Unas siete veces lo intentaron, pero lo que no se esperaban es que la bolsa volviera a su propietaria flotando por el aire, por cortesía mía, por supuesto.
Llegamos a los puestos de ropa. Yo encontré un puesto en el que vendían zapatillas gailas, conocidas por su enorme resistencia y flexibilidad. Una vez tuve un par y recorrí casi medio mundo antes de necesitar otro. Compramos unas para nuestro pequeño, pues no ganábamos para ropa, para desesperación nuestra. Lamenté que no existieran tambien pantalones gailos, camisas gailas... . Ella encontró una prenda de lana muy fina mezcla de chaqueta y capa que le encantó y la compró para darle uso cuando las noches empezasen a refrescar.

Fue entonces cuando vio al mendigo inválido apoyado en la pared pidiendo. Ella se le quedó mirando durante un rato inquisitivamente, y luego le dejó una moneda en el sombrero.
Conforme nos alejábamos me confesó que estaba muy contrariada. Lo había sondeado mentalmente y había encontrado sentimientos contradictorios, que incluían a la vez piedad, orgullo y satisfacción. Le pregunté si había llegado a leer los pensamientos o sólo los sentimientos, y ella me contestó que lo último. Yo le expliqué que aquel hombre era un mendigo, pero que no sufría ninguna lesión física. Todo era un engaño. Ella le miró fijamente y el hombre se volvió a mirarla también, tras lo cual rompió a llorar amargamente.
“No debías haber hecho eso”, le dije. “Él ahora se sentirá muy mal por tu castigo, pero la gente no puede leer la mente, y pensará que es sólo un pobre desgraciado que es aún más desgraciado y le echarán más limosna”. Luna se volvió enfadada, y me dijo: “¿Es que los tordali sólo piensan en hacer daño a los suyos?”. “No, mi vida”, le respondí, “si no, su sombrero estaría realmente vacío”.
A media tarde pasamos por el balcón de ajusticiamiento y no pude por menos que acordarme de Shasan, el ladrón mas viejo del mundo... ¿Recuerdas cuando nos condenaron a caer al lago de mercurio?. No sé si podré perdonarme el no haber podido salvarle a él también. Pobre Shasan, había sido condenado doce veces y había sobrevivido a las doce. Yo le pedí que me contase el truco, pero el se rió, enseñándome

los pocos dientes que le quedaban en la boca, y me dijo que ése era su secreto. En su decimotercera condena, Shasan, el ladrón mas viejo del mundo, se llevó su secreto a la tumba.
Luna intentó animarme durante el resto de la tarde y sólo cuando llegamos a un pequeño escenario en el que diferentes artistas divertían a los viandantes, surgió la oportunidad. Uno de los bardos invitaba a los espectadores a subir para demostrar cuan hábiles eran sus compañeros, al poder tocar y seguir cualquier pieza.
Yo me ofrecí, involuntariamente, al recibir un pellizco de mi amada traicionera. Ante el ánimo de todos, subí al escenario. Desde pequeño siempre he tarareado una melodía. Siempre pensé que era producto de mi imaginación, hasta que conocí mi origen y mis lazos con este mundo. Puede que sea la melodía mas antigua en Ashana, o puede que sea otra de las muchas coincidencias que pueden darse en el multiverso.
Les solicité un ritmo más acelerado del habitual y comencé. Con una letra improvisada volví a declararme a mi princesa y a pedirle su amor para toda la eternidad. Gracias a que aprendí la lengua humana antes que la tanaii, pues en algunos párrafos no hubiera sabido expresar tiempo eterno sin confundir al público. No sé si fue lo conocido de la melodía o el propósito de la letra (no soy buen compositor, así que reconozco que la letra podría haber provocado un separación en vez de una unión) lo que hizo que el publico enloqueciera. Luna se emocionó, y, al acabar mis aullidos, se

acercó al escenario, me besó y me abrazo. “Volvería a enamorarme una y otra vez”, me susurró, “pero eres incorregible”.
Cuando pudimos alejarnos del gentío ya era hora de volver y, antes de que nos diéramos cuenta, Ledani Mol estaba ya delante de nosotros. Llevaba una bolsa de cuero y una caja de madera ricamente adornada.
“¿Reconocéis así que habéis perdido la apuesta?”, le dije, y él me contestó que eso lo debería juzgar la corte. Regresamos cuando el gallo cantaba en alguna granja de los alrededores de la capital imperial.
El duque Rivto reconoció con la mayor hipocresía jamás presenciada que los tordali eran algo menos bárbaros de lo que el creía.
Para dar fe de la apuesta el emperador hizo construir una vitrina en la que se expuso la caja, que no era otra cosa que una delicadísima caja de música. Si me permites dar mi opinión, yo diría que nuestro emperador estaba encantado con ella, y que si nadie se entera, el próximo año repetirá el viaje y puede que añada otra a la colección. 



Querido Hermn:
Se que para tí no ha pasado mas tiempo que el de pasar una página después de otra, pero para mí ha sido distinto. Me quedé sin hojas en las que terminar de escribir el final de la historia y he tardado unos tres días en encontrar. No quedaba papel en nuestro palacio en Zirah y tuve que ir al pueblo a buscar más. Luna vino conmigo, pues después de varios días fuera la despensa estaba vacía.
El encuentro con nuestros amigos fue maravilloso. Parecía que habíamos pasado años enteros fuera. Celebramos por segunda vez el festival de la llegada del verano, y hubo cena y baile, pero sin Dardo.
Cuando acabamos la juerga nos fuimos a dormir a la posada del pueblo. Desde luego, Luna es la madre del pequeño Bigan, pero las ganas de juerga seguro que las ha sacado de mí. A la mañana siguiente, después de recuperarnos de la resaca, volvimos a nuestra casa, y cuál fue nuestra sorpresa al ver que el emperador había venido a visitarnos de incógnito.
Nos saludó y, dirigiendo una intensa mirada sobre Luna, se dirigió a mi estudio. Luna le siguió. Yo les grité: “¡No importa, no me interesa!”, y me dediqué a recoger todo lo que habíamos traído del pueblo con un humor de perros.

Mientras mi hijo se afanaba en imitarme cogiendo los bultos mas grandes, yo, de vez en cuando, echaba una mirada al torreón en el que está mi estudio. A causa de lo preocupado que estaba pensando en lo que podían estar hablando, más de una vez hice flotar algunos bultos tras de mí sin percatarme de que entre ellos estaba mi pequeño.
Estuvieron hablando toda la noche. Yo intenté permanecer despierto para ver el resultado. Amaneció y Luna me despertó. Me había dormido a los pies de la cama del niño. Abandonamos la habitación con cuidado de no despertarlo.
Mientras preparábamos y tomábamos el desayuno, Luna me contó todo lo que el emperador le había confesado.
Al parecer Ledani Mol había pedido consejo a mi chica. Uno de los tíos mas poderosos del planeta necesitaba ayuda. Creo que si me hubiera enterado de todo esto antes de que se marchara mi cinismo hubiera sido demasiado corrosivo.
Ledani le contó el motivo de la visita de Rosa. No era otro que ganarse el perdón y la salvación.
Bueno, esto puede ser un poco complicado de explicar, así que lo haré desde el principio.
Como ya sabes, Rosa había abandonado a mi señor Semrol simulando su propia muerte. El motivo que ella alegó fue que llevaba demasiado tiempo viéndole sufrir de nostalgia. Por amor a él simuló su final, para que se sintiera libre de volver a su mundo y ser feliz (porque me parece que desconocías que mi señor Semrol no era de este mundo, sino que vino de otra dimensión).
En esta última visita, Rosa había contado a Ledani otro motivo que mantuvo oculto. Ella pertenecía a la raza de los perversos, aunque no había nacido como tal, sino que se había convertido después. Por ello poseía una serie de dones que Semrol no tenía. Le amaba, pero le resultaba muy difícil considerar el volver a convertirse en humana por él.
Sin embargo, con el paso de los años desde que él se fue, ella se dio cuenta que aquella no era la solución. Buscando otra opción, descubrió a través de unos antiguos escritos que no era imposible volver a convertirse en humana, aunque sí era difícil y requería mucho tiempo, quizás más de lo que podría vivir al convertirse en mortal. Además, por haber rendido culto a un dios condenado, su alma estaba perdida. Necesitaba conservar la inmortalidad para tener tiempo de volver a ser humana y salvar su alma. Ledani Mol tenia el poder para mantener esa inmortalidad.
Como era de esperar, Luna, convencida de que Rosa ama realmente a Semrol y de que hará lo posible por volver con él, recomendó a nuestro emperador que le ayudara.
Por mi parte, y como ya te dije, nunca estuve de acuerdo con lo que ocurrió entre mi señor Semrol y ella. También te dije que puede que nunca la perdone y también te dije que puede que un día me despierte y entienda algo, porque lo que es ahora...

Pero como nadie me pidió mi opinión....
Bueno. Ya esta todo contado. No todo...
Se me olvidó decirte como acabó todo en la corte después de nuestro viaje. Después de su derrota en la apuesta, Rivto se marchó a su residencia de verano

con su séquito. No me imagino que hubiera pasado si la apuesta hubiera sido en la fiesta de invierno.
Creo que ya no hay nadie que no respete hoy en día a nuestro emperador, salvo yo mismo, que para eso soy la excepción.
Postdata 1:
Bueno mi buen Hermn, que sorpresa nos has dado.
No hace ni dos horas que te has ido, después de acompañarnos durante una

semana, y ya te echo de menos.
Aunque cuando llegaste sólo me quedaba repasar la carta, no hizo falta que

leyeras nada, porque te lo contamos todo en persona. Aun así acabaré la carta rememorando tu visita y te la enviaré, para que disfrutes de ella.
Nos alegramos mucho por tu título y tu nueva posición en tu sociedad.

Posdata 2:
Durante la visita de Ledani Mol, Luna leyó la carta que te estaba escribiendo (y sospecho que nuestro emperador también). Te cuento esto porque, al poco de irte y comentarle que iba a acabar la carta de todos modos, ella me lo ha confesado, y, además, me ha animado a escribir todas las aventuras que pasamos todos, tu, Ledani Mol, Semrol, Rosa, Luna, etc. y recopilarlas en un códice, para que generaciones venideras sepan lo que pasó y lo que podría haber pasado.
Yo no sé que hacer. Por un lado me agrada la idea de inmortalizarnos a todos, pero, como todos los que me conocen saben, no soy bueno con la palabra escrita. Siempre se me ha dado mejor el contar historias en torno a un fuego.
¿Tú que opinas?
Saludos
Yrdin